Cada parpadeo, una foto.

El fotógrafo, ese hombre con cara de profesional que carga sobre sus manos la herramienta para poder expresar su creatividad y técnicas en el arte de la captura de imagen. El señor que está detrás de la cámara, cuando tienes 5 años y vas a hacerte la foto del colegio. Te dice -Sonríe un poco-, pero tu no tienes ganas de sonreír.
El profesional de la documentación gráfica que conoce cada calle y se pelea cada día con los de su especie, para conseguir la exclusiva o la mejor toma. El rey del estudio fotográfico, rodeado de posados y luces difusas, paraguas y maquillaje para sus modelos. Y el verdadero entusiasta de la imagen fija que saca una foto cada vez que parpadea y no puede dejar de componer capturas con la mente. Todos por separados y mezclados me dan una idea general de lo que busco.

Llevo años con el diseño gráfico de forma profesional y la fotografía siempre fue para mi poco más que una afición eventual. Con el tiempo descubrí que también me ayudaba a expresar lo que siento, como el diseño gráfico o el dibujo. Así que comencé a profundizar de una forma más seria en este arte.


Gran parte de la culpa, la tiene este señor de la foto, Abel Valenzuela. Un día, a principios de los 90, decidió ponerme una reflex analógica en las manos.
Después de aquello, comencé a preocuparme por conceptos tan extraños como la velocidad de obturación, la profundidad de campo, el balance de blancos o la composición espacial de cualquier conjunto de cosas que entrara por mis ojos. Que barbaridad.
Entonces aprendí que la forma en la que veía las cosas, podía hacerla llegar a los demás e intentar compartir el valor que daba a los detalles que entraban por mis ojos. Cuanto más lo intentaba, más cosas dignas de inmortalizar me rodeaban. La obsesión de fotografiarlo todo, o casi todo, lamentar no haber cogido la cámara un día en concreto que paseaba por algún lugar o dejar la batería de mi Canon cargando por las noches, "por si acaso" jajaa! fueron los siguientes rompecabezas que vinieron a instalarse en mi cabeza.
Sin la sensación de perder tiempo libre, los huecos de mi reloj se han ido llenando y ordenando para repartirme entre trabajo y obligaciones, vida social, aficiones pasajeras y descanso, informática e Internet, alimentarme y fotografiar todo lo que puedo.

El amigo de la mochila, me van a terminar llamardo, jaja! Si, lo reconozco, la llevo encima más de lo normal, supongo que también se me pasara. Creo que las aficiones, entusiasmos y hobbies profundos también tienden a normalizarse y tal vez, entonces hubiera sido mejor momento para escribiros estas lineas. El caso es que ahora me etiqueto de gran entusiasta de la fotografía y me apetece muchísimo seguir adelante, adquirir conocimientos y experiencia suficiente, no para ser profesional, que también me gustaría, pero si para no encontrarme con límites a la hora de expresarme con la fotografía.

Montar un pequeño estudio fotográfico sería una buena idea. Pero eso será otra entrada de blog, imagino.

Saludos.

2 respuestas a Cada parpadeo, una foto.

  • Ay, me siento halagado.
    Es decir, en la foto salgo sentado, pero aparte de eso, joé, mira, te voy a tener que escribir este comentario, Luis, porque de la fotografía -como de casi todo-, uno termina haciéndose autodidacta.
    Jejeje, recuerdo al autodidacta de la novela “La náusea”, de Sartre, que estaba leyendo una enciclopedia mientras el protagonista lo miraba estupefacto, sin comprender por qué dejaba un tomo y cogía otro, aparentemente al azar, así un día, y otro día, y otro día…; hasta que al fin se dio cuenta de que el autodidacta estaba dejando el tomo de la “L” (pongamos por caso) y cogiendo el de la “M”. ¡Iba por orden alfabético! ¡¡¡Se estaba empollando la Enciclopedia entera!!!

    Creo que ya has avanzado mucho más de lo que crees en fotografía.
    Así que insistiré en que lo que cuenta es ser visible.
    Algo que me enseñó Neus y que yo no me cansaré de repetirte hasta que me canse (viva mi estilo “comprensible”).
    Es odioso, pero funciona así.
    Créate un seudónimo.
    Asígnale un pasado y -a poder ser- añade toques absolutamente opuestos a la fotografía. Una vez llegué a citarme a mí mismo: “el fotógrafo es como un pintor perezoso”. Pero la verdad es que los pintores son fotógrafos muy aplicados.
    Fotografían su memoria, su imaginación, o vaya usted a saber qué otra cosa.
    Así que huye de las trampas metiéndote en ellas.
    Llama Jonathan Huygens a tu fotógrafo ficticio.
    Créale una vida, promulga un web ficticia donde “por primera vez, gracias a las donaciones de su viuda y del museo Bérthingss’thal-Auvignet, y del incansable trabajo del documentalista Miguel de Bonville, podemos admirar las veinte mejores instantáneas de las restauradas por el personal de la Escula de Arte Modgénoit-Bussique, de L’Îlle de France.”

    Y después, con el ánimo de conocer los intereses humanos, qué nos entra por los ojos y qué nos interesa por los oídos, vuelve a dar otro apretón al tornillo y monta tu negocio por todo lo alto, como editor fotográfico, llegado el caso, que seas tú quien diga quién aparecerá en portada, y no siempre “otro”.
    Haz lo contrario que Marge Simpson: ella anima a sus hijos a apuntar “lo más bajo posible; tan bajo, que si fracasáis, nadie pueda notar la diferencia”. Tú, en cambio, tienes un amigo que da consejos gratis: si conoces tus límites, apunta tan alto como puedas. Y si te pegas un batacazo, será un batacazo de gigante, y ocupará las portadas de todos los informativos, periódicos, y webloguchos de este puto nido de ratas que es el mundo.
    ¿Por qué nos caemos? Para volver a levantarnos.
    Afectuosamente tuyo, Abel Valenzuela García.

  • Quién me iba a decir que terminaría convirtiéndome en Carlos Harrabal, jeje. No sé, 🙂 entre ideas, metas y planes de futuro, tú, sigues siendo mi mentor en la fotografía, así que…

    “Si un día triunfo con la cámara, mejor que me vayas registrando como propiedad intectual tuya” Jajaja!! El producto de Abel, llamado “Luis Serrano – Servicio de fotografía”.

    Que cosas, jajaja! Abrazo.

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