Ser Feliz

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¿Ser feliz es lo que buscas? ¿No eres feliz ahora?

Es dificil ser feliz cuando nos venden la felicidad como producto. Para algunas personas ser feliz es tener todo lo que desea, para otros es tener todo lo que necesitan y para otros, la felicidad es simplemente no tener necesidades. El éxito en la vida, el amor, conseguir tus metas profesionales, la tranquilidad, la salud, el dinero, la belleza… todo esto perdería mucho sentido si dejáramos de hacer algo tan simple como compararnos con los demás.

 

 

Cada día vemos a personas triunfar, enamorarse, ser admirados. Vemos como las suerte les sonríe y ellos sonríen a la suerte, como si fueran cómplices en un grupo selecto donde a nosotros no nos permiten entrar. Es como si estuviéramos obligados a reunir unos requisitos para poder formar parte del club de las personas felices. Eso lo complica todo, cuando vemos la felicidad como un premio que debemos alcanzar, mal vamos.

El estatus social y el estatus personal

 

Tenemos una extraordinaria capacidad para fijarnos solo en las personas que están “mejor” que nosotros y pasar por alto a aquellas otras que tienen una peor situación que la nuestra. Sí, cada uno se queja de sus desgracias, grandes o pequeñas, es legítimo y en parte justificado. Pero corremos el peligro de cegarnos con nuestros propios problemas, olvidando que la felicidad no es una meta ni un producto que otros tienen y nosotros “aun” no hemos conseguido.

Buscamos aquello que nos gusta y decidimos que queremos conseguirlo, básicamente porque hemos visto que otras personas ya lo tienen y parecen felices. Nos comparamos, entramos (o nos meten) en un sistema bueno para algunas cosas, pero no tanto para otras. Si la salud nos falla, si un ser querido muere, ese dolor está justificado. Nuestros sentimientos nos dicen que si la vida pierde sentido porque podemos morir o alejarnos de aquello que amamos, puede que la felicidad no llegue nunca. Incluso las personas más felices pueden tener problemas de salud o ver como mueren los suyos. Desesperante, ¿verdad?

Es muy dificil saber como ser feliz cuando nos bombardean con tantos caminos para conseguirlo ¿Cual es nuestro camino entonces?. Algunos tenemos muy claro como podríamos ser felices pero otros ni siquiera sabemos que debe cambiar en nuestras vidas para sentirnos mejor. Aparece el maldito estatus social para decirnos lo que debemos hacer, programarnos y darnos indicaciones. ¿En serio? Un poco de estatus personal, por favor.

Cuidado, el estatus social no es malo, simplemente pienso que lo usamos de forma incorrecta. Conseguir la felicidad es algo más sencillo que andar comparándose con el resto del mundo. Después de todo, cada persona es única y los patrones que vamos a seguir para saber que nos hace feliz serán distintos para cada uno, aunque se parezcan. Lo que quieres y lo que necesitas se empieza a mezclar, se confunde.

 

¿Qué deseas y qué estás haciendo para conseguirlo?

 

Recuerda, desear algo y conseguirlo no te asegura la felicidad. La pregunta también podría ser ¿Qué te sobra y que estás haciendo para quitarlo de tu vida? No mires a lo demás, para un segundo y mira hacia adentro. Será después cuando puedas ver con claridad el camino que vas a tomar para mejorar tu situación. Es posible que así descubras como funciona. El problema no es que no sepamos como ser felices, es que para colmo cada persona es distinta y conseguir resultados parece complicado.

¿Te has parado a pensar si tu vida se consume en compararte con los demás? ¿No sería mejor aprovechar ese tiempo que estás perdiendo? La envidia cuando es “sana” puede animarte y darte fuerzas si has encontrado un modelo a seguir. Pero desear continuamente aquello que tienen los demás podría dejarte fuera de juego para siempre.

Márcate tus metas pero no lo hagas a medias, si pasado un tiempo vas a abandonarlas. Ponerse objetivos motiva pero esa motivación debes mantenerla, sobre todo cuando los objetivos son grandes o existen pocas esperanzas. Las metas, no son palabras bonitas, son destinos que tu mismo te marcas y ahora debes decidir si vas a fallarte o vas a conseguirlo. Hazlo sencillo, empieza poco a poco y sin prisas. No se aprende a leer en dos días, ni se ahorra para ese viaje en una semana y seguramente tampoco tendrá éxito tu negocio los primeros 6 meses.

 

El despecho, las cicatrices

 

Un pasado con heridas, asuntos que no has podido solucionar y una parte de ellos te acompañan como malos recuerdos. Pero por encima de ese lastre, estás tu, quien gobierna tus decisiones. Una vez escuché “Utiliza esa energía que te da la rabia y la tristeza, conviértela, transformarla en fuerza para demostrar que tu dominas tu vida”. Pensé que aquella frase era muy motivadora, pero ¿cómo se hace eso? Y encontré la respuesta recordando algo que escuché incluso antes: “Bastante dura es la vida, para que nosotros mismos la empeoremos con lamentos infinitos.” Son formas de pensar que a mi me siguen ayudando y cada vez que las recuerdo me animan y me hacen seguir adelante.

 

 

Es muy fácil caer en la nostalgia o la sensación de impotencia para resolver nuestros problemas. Lo primero que debes saber es que ni la nostalgia ni la impotencia van a poder contigo. Son fuerzas que debes respetar pero eres tu quién puede cogerlas y ponerlas en su lugar mientras tomas el control de las cosas. Si, decirlo es fácil, hacerlo no tanto, pero nunca te dije que este artículo fuera a hacer el trabajo por ti. Esto que te escribo no es más que mi experiencia, ni milagrosa ni celestial, solo consejos que me apetece compartir esperando que puedan ayudarte.

Así que hay un tiempo para desahogarse, para llorar y expresar tu dolor, sí. Pero no lo veas como una cueva donde esconderte, esas lágrimas serán una forma de limpiarte. Llora para sudar la parte negativa, usa esa tristeza como un lavado para tus ánimos. Nadie llora para sentirse peor, llorar esa un arma espectacular para coger fuerzas y sentir alivio. Aprovéchalo.

 

¿Piensas que la mala suerte no te dejará ser feliz?

 

La suerte, como la felicidad es un concepto que se alimenta de la comparación con los demás. A veces las cosas no salen bien pero es importante que no olvides que criterio estás usando para sentirte afortunado o desafortunado. Hay personas que viven en la calle, han perdido a su familia y piensan que la suerte está en las pequeñas cosas, cuando alguien deja unas monedas en su cajita de cartón o su viejo violín medio roto le permite seguir tocando baladas en el metro. Otros se sienten afortunados por conseguir la mejor oferta en televisores , tener una casa enorme o disfrutar de un coche mejor que el del vecino. ¿No será que nosotros habremos inventado eso de la suerte porque necesitamos marcar diferencias y delegar?

El azar está ahí, llámalo como quieras pero la vida ni te odia ni te adora. Esa parte te toca a ti. Dicen que ser positivo ayuda a mejorar la situación y el pesimismo te acabará hundiendo. Eres tu quien debes aprender a no odiarte, a no caer en el error de acariciarte demasiado la espalda. Si tenemos claro que una tele gigante no va a darnos la felicidad, apliquemos el mismo razonamiento para no terminar en el otro extremo cuando estés viviendo tiempos difíciles, no?. Repito, no es fácil, sabemos que no, pero será peor si nos dejamos llevar por los extremos. Sentido común sería un buen termino para dejar escrito aquí.

 

 

Ahora deja de comparte con los demás y piensa que es lo que realmente te haría feliz y si lo consiguieras, ¿Qué te haría feliz después? ¿Y después?. No, así no serás feliz nunca. La felicidad no es una meta. ¿Pero quién soy yo para decir lo que es la felicidad, verdad? Haz tu camino, no lo busques, hazlo. Camínalo a tu ritmo, llora a ratos para repostar y deja de mirar el camino de los demás, no sea que te tropieces en el tuyo con tanto apartar la vista. La mejor forma para no ser feliz nunca es precisamente preocuparte continuamente por ser feliz.

Creamos y convertimos las palabras a nuestra conveniencia y a veces las hacemos responsables de nuestras carencias o fallos. ¿Has pensado que a lo mejor ya eres feliz, pero entre tanta comparación, envidia, nostalgia y recuerdos, no te has dado cuenta? Suena de locos sí, pero tu…  piénsalo.

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